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Carlos Eloy

Lecturas latentes

Por Nathalie M. Sánchez

Dicen del enigma aquellas palabras de sentido encubierto que conllevan al difícil entendimiento e interpretación. Válido para cualquier contexto y cualquier circunstancia, aunque complejo, muchas veces resulta atrayente. Llevado al arte genera incertidumbre y, por ende, necesitamos desafiar la línea que, nos comenta Freud, existe entre el artista y la esquizofrenia. 

En mi opinión existe alguna magia en la naturaleza de las composiciones de Carlos Eloy (La Habana, 1973) que nos lleva al completo desasosiego. Tal vez ese enigma se encuentra en la manera en la que sus cuadros parecen esconder un secreto, que solo podemos dilucidar luego de la segunda lectura visual. 

En su obra los rostros de las figuras parecen esconder un “algo” o simplemente, en conjunto, las escenas resultan expresiones arcanas. Cabría preguntarse si su producción está ligada a un modo de vida en el que conecta el mundo real con la ilusión y el desvarío. Es un artista que además parece no sentirse completo con una única temática, por tanto, recurre al tema religioso, la cotidianidad, lo mitológico. Todas sus creaciones confluyen en la manera absuelta en la que las coloca a las puertas de la figuración y la abstracción. Los gruesos y profundos empastes que conforman los personajes, coquetean con un expresionismo muy particular en la que estos se vuelven fantasmagóricos. Los colores aparentemente, no poseen gran denotación, en tanto se mantienen ocres, tenues, apastelados y sometidos a la fastuosidad de la pincelada.

El artista también degusta de un onirismo vinculado a la hibridación de realidades. Es decir, muchas veces suele mezclar dos ambientes opuestos. En escenarios como los de la obra Cristo saliendo del calvario, el cielo puede confundirse con el mar, a la vez que los elementos parecen deshacerse en el cuadro. En el paisaje no se logra definir los detalles con facilidad, por tanto, la obra declina un tanto en el enigma que puede generarnos no poder palpar todos los elementos que componen la pieza. 

En otras obras, sin embargo, el acertijo decae en poco en la ambigüedad. Ocurre de esta forma con Cabeza de familia. Por lo confuso de la escena hogareña nos lleva a la interrogante, ¿se trata de la representación de la miseria o de la dolorosa pérdida de un ser querido? Mientras que, el hecho de que el cuadro esté conformado a base de empastes gruesos, produce la sensación de lo inexistente y fantasmagórico. Las figuras, aunque presenciales, señalan la ausencia o la defunción. Todo el cuadro asemeja una visión o un delirio del artista, como si revisitáramos las pinturas negras de Goya.

Este sentido de lo espectral, también se deja ver en la pieza de tema mitológico Las tres gracias. Eloy les otorga a las figuras un carácter grotesco, poco femenino y cadavérico. Lo enigmático recae en el escenario macabro y de misterio que transmiten las sonrisas de las jóvenes. Parece existir un mensaje más allá de lo que vemos en una primerísima mirada. Atractiva resulta, en tanto se sale de lo trillado de este tema mitológico, para construirnos su visión un tanto irónica, ilusionista y desvariada. Ocurre una completa y magistral desmitificación de lo que significaran las tres gracias dentro de la historiografía del arte, para de esta forma escapar de lo común y automatizado dentro de la creación, tanto desde lo plástico como lo conceptual.

En el caso de No solo vuelan las ideas, hay una síntesis de las obras anteriormente expuestas. Conjuga esta vez el expresionismo, la pincelada gruesa y la ironía, con un enigma dado por la incertidumbre que produce la combinación de figuración con abstracción. La pieza puede llamarse abstracta a partir de ese fondo construido a base de brochazos, que no deja determinar elementos de tipo figurativo. Sin embargo, existe una figura en primer plano que parece salirse del cuadro o no formar parte de él. Este personaje resulta gracioso puesto que, concebido casi desde el esbozo con un pincel grueso, posee una simplicidad que recuerda a los dibujos de un niño. Como el resto de las piezas No solo vuelan las ideas, denota un universo de conceptos poseídos en la mente del artista desde la carente lucidez, de ahí que logra voluntaria y acertadamente no dejarnos clara su lectura. 

Y es que tan mágico es el mundo de Eloy, como lo son sus maneras de interpretarlo. No idealizado, ni hipócrita, ni facilista, su creación recuerda que el buen arte nunca se crea del vacío. Ante la producción de este artista se imponen las preguntas: ¿es enigmática, o solo juega con la deformación de la realidad desde la técnica y del concepto? ¿Es ambigua, o simplemente se inventa mágicas escenas un tanto desconcertantes? Para responder a estas interrogantes, es necesario no dejarse llevar por una primera interpretación de sus cuadros. Cada uno posee un “encanto” que los hace víctima de otras lecturas más ocultas e incluso, inducen a la permanente recitación.

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