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Eliseo Valdés

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Cautivar las Miradas, Conquistar los espacios

Por Elaine Caballero Sabugueiro 

Hombre y naturaleza, dos fuerzas tan poderosas capaces de mutar en el tiempo y provocar otra realidad. En esa perfecta simbiosis, los artistas han desatado su mundo espiritual e imaginativo para demostrar que estamos hechos de poesía, más allá de la sangre que corre por nuestras venas. 

Bajo esa premisa, el escultor y pintor cubano Eliseo Valdés Erustes domina el arte de las formas. Convierte lo inanimado en objetos vivos, sin dejarse llevar por fórmulas superfluas o repetidas. 

A su lado, el hierro, la piedra, el mármol o el acero toman significados diferentes, no solo porque después de un trabajo exquisito adquieren dimensiones monumentales, sino por las emociones que provocan en el espectador, ya sea de extrañeza, satisfacción o asombro. 

Las esculturas de Eliseo desafían las miradas; alcanzan otra dimensión al comprender su génesis. No existe obra suya sin esa sensación de grandeza, aun cuando el tamaño varíe y no sea exorbitante a primera vista. 

La impresión de encontrarse ante una pieza de gran calibre estético y conceptual, es casi un pensamiento obligatorio, espontáneo e involuntario. Se considera asimismo como un “abstracto geométrico” por excelencia y, aunque afirma no ser perfeccionista, sus esculturas hablan de un hombre minucioso e inmenso en los detalles más singulares del arte. 

Sistemas, una de sus exposiciones personales de mayor envergadura, sorprende por la elegancia de las piezas. Pocos se detienen a pensar cuál es el secreto ante tanta perfección. Sus obras se traducen en incontables horas de estudio bajo la premisa de idear estructuras y combinaciones idóneas. Hasta la vida misma somete a juicio si es preciso (re)pensar su rumbo.

Comprometido fielmente con su arte, Eliseo estudia en profundidad el espacio donde dejará vestigios de identidad. Se deja llevar por la esencia de cada soporte, para comenzar un viaje perpetuo con la creación misma sin vuelta atrás. Paisaje y artista se imbrican como fieles confidentes de la memoria, con lo cual resulta imposible separarlos a ambos de su contexto. 

Desde que en 1983 esculpiera Gaviota de sal, a base de cincel y martillo, ya que en aquel momento no existían métodos más novedosos, su ascenso profesional ha estado marcado por su sensibilidad y destreza. Supo entonces que el camino a recorrer sería largo, a veces complejo y abarrotado de abrojos, pero como requisito indispensable tendría voz única en los senderos del arte cubano. 

Eliseo Valdés ha descubierto también un planeta fascinante en la pintura. Deseoso de dejar huellas en colores, óleos y otros materiales, esta manifestación le permite lograr experiencias ligadas a la introspección, siempre con el afán latente de ser él mismo. Su pensamiento crece como quien conoce la visión integradora del arte para explicar el origen del mundo. 

Si continuamos en esos preceptos, la perspectiva erótica del creador puede comprenderse como símbolo de continuidad. El hombre desde épocas inmemoriales ha encontrado en la sexualidad el diapasón perfecto para calmar las pasiones corporales. 

Con un argumento similar llega Eliseo sin tabúes mentales, pero sí lleno de enigmas. Va a la esencia misma de lo sensorial, mediante una detallada síntesis y un discurso reflexivo cargado de empatía. Abre el diapasón cognitivo para sugerir diferentes lecturas, preguntas y sutilezas. Seduce desde el silencio y juega con total libertad y sin resquemores. Avanza confiado porque conoce, a ciencia cierta, los placeres de este sistema de cosas llamado vida. 

Al mismo tiempo deja claras señales que nos libran del prejuicio sexual heredado como patrón social. Detener la vista en las extremidades y los órganos con los que engendramos vida es una actitud necesaria en piezas como Tras la fina senda, El otoño en su labio muere, Inside o Géminis. El espectador se siente libre, como si le quitaran años de doctrinas retrógradas, ante la osadía de sus trazos y los dobleces de sus esculturas. 

No se ha quedado estancado en el pasado y hoy varias de sus obras son impresas en formato 3D, bajo los mismos principios estéticos y conceptuales. El principio de grandeza no sucumbe ante la novedosa tecnología, su esencia se mantiene casi por antonomasia y sentido de pertenencia, como río que al final descubre su propio cauce. 

Sobran frases para caracterizarlo, aunque la más certera sería escultor de matices, de dimensiones exóticas y opulentos trazos. Hasta el lejano oriente han llegado sus piezas en horizontes distintos a los imaginados. En Cuba podemos descifrarlo en Matanzas, Bayamo, así como en la entrada del Museo Servando Cabrera, la Universidad de Ciencias Informáticas y otras locaciones. 

Sin tiempo para el arte efímero, Eliseo Valdés Erustes ha sabido forjarse un nombre, renovarse a sí mismo, hallar su destino. Sus esculturas demuestran que siempre iremos en busca de aquella imagen desafiante, icónica y emblemática, que nos haga superarnos como seres humanos. 

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