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Antonio Espinosa

Rizomas del dibujo: el ejercicio de la perfección

Por Yenny Hernández Valdés

El dibujo es la quintaesencia de la pintura, de la escultura y la arquitectura. Es la raíz de todo arte y de toda ciencia, y quien lo domina goza de un poder incalculable…, afirmó Miguel Ángel Buonarroti, y cuánta razón tienen sus palabras aun hoy en la segunda década del siglo XXI. La praxis del dibujo, no solo como boceto o proceso previo de determinado producto artístico sino también como técnica y discurso, supone un reto para cualquiera que se enrumbe hacia ese derrotero creativo. Por más de dos décadas, Antonio Espinosa (Granma, 1974) ha desafiado el quehacer dibujístico en su obra con resultados estéticos exquisitos. 

La apropiación del dibujo demuestra la maduración de una praxis –no la única– en la carrera de Espinosa. Valga señalar que el reto no es solo la hechura técnica mediante la huella del grafito; también su mérito está en la ausencia de color en tanto característica singular de su trabajo, no solo para sus paisajes, sino también para la vasta producción anclada en un ejercicio reflexivo sobre la sociedad que habitamos. Con esa ausencia total de color logra provocar estados de ánimo en el espectador que van desde un sobrecogimiento a una sugestión desaforada de emociones.

Aguas territoriales: de ambivalencias y nostalgias

Escasísimos son los artistas que se han dedicado a trabajar el paisaje a partir del dramatismo que le ofrecen el dibujo en blanco y negro y la gama de grises. Antonio tiene ese valor agregado: el de ser un artista constante en su práctica dibujística tan peculiar, sin recurrir a las historias semióticas del color para explorar y explotar los asideros estéticos del trabajo a lápiz, a carboncillo u otra herramienta que le permita obtener una zona creativa de sombras, reflejos, luces y texturas como las que nos entrega con sus Aguas territoriales.

Espinosa nos embriaga la retina con esa psicología del paisaje marino. Pero esa degustación retiniana va a más allá, sobre todo para aquellos que nacemos con el gen impregnado de la maldita circunstancia de estar rodeados de agua por todas partes –parafraseando a Virgilio–. Sus aguas territoriales presentan la posibilidad interpretativa de dos extremos. Por un lado, el mar en su condición limítrofe cual carcelario que obstaculiza la voluntad natural de avance del ser humano, reforzado visualmente en esas olas cuya dirección pareciera detenernos y borrar la posibilidad de progreso. Por otro lado, es el mar en su condición de espacio infinito, abierto a la posibilidad de subsistencia y búsquedas en tanto zona que invita a explorar, a encontrar algo después del vaivén de las olas. Eso sí, el mar se presenta para Antonio como condición cultural para reflejar un ícono de identidad nacional. Este ejercicio de reformulación de códigos deviene en metáfora simbólica y existencial desde la cual discursar sobre tensiones, ambivalencias y sentimientos nostálgicos de esta isla.

De lo real maravilloso de una ciudad pintoresca 

La grisura de sus marinas la encontramos también en las obras que conforman su serie Fragmentos de una ciudad pintoresca, una versión contemporánea, acromática y mordaz del Álbum pintoresco de la Isla de Cuba, del grabador francés Federico Mialhe.

Se advierte en estas piezas la conjugación de un halo fotográfico y la perfección del hiperrealismo. Es un artista quisquilloso con la terminación de la obra, con desbordar el detallismo exquisito de los espacios que representa. Tener la posibilidad de hurgar con lupa en esos trazos y sombreados nos dejaría boquiabiertos gracias a esa soberbia capacidad que tiene para dibujar la emoción, la posibilidad, la tensión y la atemporalidad de los entornos. 

Como Mialhe en su álbum, Antonio Espinosa revisita e incorpora en estas obras el detalle de los nombres de las calles. No lo hace de manera gratuita; hay una intencionalidad en que nos detengamos en el discurso visual y textual de las intersecciones de calles que representa. Virtudes esq. Perseverancia, Gloria esq. Economía, Misión esq. Milicias son ejemplos de confluencias urbanas que nos hacen reflexionar sobre interpretaciones asentadas en una nación construida a base de discursos vagos, cuyo rasero histórico se percibe en estas obras desde el encuentro o el choque de puntos de vista opuestos, surreales y hasta ridículos.

De la acumulación al éxtasis del tropo

En ese afán por la reflexión social desde el proceso creativo, Espinosa nos ofrece un tipo de obra paisajística que subvierte el significado tradicional de la palabra para construir paisajes de la acumulación, del horror vacui del que hacen gala sus obras. Nos sitúa ante una acumulación de objetos diversos que amplifican la dimensión visual del encuadre (Conformidad), que luego concentra en pequeños espacios de grafías (Tríptico soñado. Isla, País, Nación) para después derivar en un resorte de letras cuya significación va más allá de la palabra para generar estados anímicos diversos (Revolución). Me explico:

En las obras de la serie Conformidad nos encontramos ante un hacinamiento de disímiles tipos de golosinas que, desde el efecto hiperrealista del dibujo, nos conducen por una falacia visual que termina en un éxtasis total entre lo que observamos, lo que anhelamos y a lo que alcanzamos. Una masividad de golosinas que se torna agridulce en su esencia misma, que saca a colación los contrastes y las carencias de una sociedad que intenta subsistir en el ojo de una crisis económica perenne.

Pero este gusto por la acumulación, la re-funcionalización y la reconfiguración de objetos, adquiere fuerza visual y conceptual en sus interpretaciones gráficas. En Tríptico soñado (Isla, País, Nación) se apropia de diversos sellos y medallas para recomponer palabras cuyo significante tiene un peso fundamental en la memoria histórica de Cuba. Tensiona tanto el valor de uso de los objetos que dan forma a cada letra como el concepto predeterminado con el que solemos asociar las palabras reconfiguradas. Así, nos sitúa frente a la narrativa histórica en la que se nos enseña/inyecta la ISLA, el PAÍS y la NACIÓN en la que vivimos a partir de una tormentosa acumulación de artefactos ideológicos. 

Toda la vorágine conceptual que se genera al interior de sus obras lo logra gracias a ese gusto por el dibujo, por la elegancia de los grises, de los blancos perfectos y las sombras dramáticas. Antonio tiene la maestría de provocar desde la composición y las escalas de grises, experiencias sensoriales disímiles: vértigo, ensimismamiento, relajación, olvido, dispersión, claustrofobia… En su obra Revolución se advierte un recorrido circular enrevesado cual suerte de espiral en vértigo, que pierde nitidez y firmeza a medida que avanza la rotación: una utopía que se diluye ante la resbaladiza realidad que vivimos.    

¡Atención! Antonio Espinosa no es un artista político ni politizado. No pretende “hacer fuego del árbol caído” para discursar sobre un proceso histórico romántico, caducado y residual. Antonio Espinosa explora la historicidad de un discurso social asentado para proponer otros códigos de reflexión; una interpretación desenfadada, no mediatizada ni fragmentada, sino personal, que habla del estancamiento de determinados procesos a partir del choque y la confluencia de realidades e individualidades diversas, a través del dibujo.

Es él, sin dudas, un artista maduro que no maquilla sus influencias ni sus experiencias en el arte. Por el contrario, se enorgullece de ventilar aquellos otros artistas de los que ha bebido, con los que se identifica, de los que ha hecho reinterpretaciones plásticas, así como con los que no tiene un ápice en común pero cuya labor creativa es un gusto conocer. Espinosa es un sujeto receptivo y crítico, con una formación artística e intelectual envidiable, sólida y que comparte con una facilidad de palabra que escasos artistas dominan. Todo ello ha influido y desarrollado en él un criterio y ejercicio técnico, compositivo y conceptual meritorios. Es un artista que, aun después de veinte años madurando la técnica del dibujo en blanco y negro, continúa avivando en el espectador la degustación retiniana y la reflexión social de la ISLA, PAÍS, NACIÓN de la que somos partícipes.

Web del Artista

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