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Eduardo Lozano

Un hálito humano, un aire como lamento

Por Magaly Espinosa

En el año 1999, Eduardo Lozano realizó una exposición personal con el título Vía Crucis, en la Galería de 23 y 12, situada en el barrio habanero del Vedado, posteriormente en series como La Caridad del Cobre (1999) e Historias de peregrinos (2019) iría modulando una creación que se acercaba al tema religioso de una manera muy personal. Dicho tema en el contexto del arte cubano, tiene una fuerte presencia en la creación de artistas vinculados con la generación de los 80, entre ellos: Juan Francisco Elso, José Bedia o Marta María Pérez y en artistas de los años 90 como Belkis Ayón, José A. Vincech, Eidania Pérez o Lourdes León. En sentido general, estos creadores se adentraban al tema vinculándolo con los cultos sincréticos cubanos desde perspectivas muy variadas, pero Eduardo es uno de los pocos que ha hecho del tema cristiano centro de interés. 

Refiriéndome a la serie en xilografía Historias de peregrinos, Eduardo ha insistido sobre la idea de que las imágenes que recrea en sus piezas no son representaciones religiosas directas, ellas están metamorfoseadas en su vida, historias vividas a lo largo de un recorrido realizado por peregrinos, una trayectoria desde la que afloran experiencias personales que aportan los títulos a las obras: Descansando en el río o La señal en el camino, que dentro del conjunto, esta última, muestra una mayor carga estética, las líneas de ese camino se extienden de la figura del caminante a un posible punto de llegada, largas líneas que se desbordan como un río formado por vivencias y acontecimientos que surgen a lo largo del recorrido, llenando a los peregrinos de un amor especial hacia todo el que lo transita, y este sencillo detalle hace que las obras que contiene la serie proyecten dulces instantes, que se enlazan bajo el esfuerzo de ir de un sendero al otro, de una noche bajo la débil luz que ella proyecta, o en un sitio que acoge al caminante que llega de improviso. Las xilografías evocan esa experiencia que solo conocen los peregrinos, son actos de fe que inundan las obras de un hálito humano. 

En un texto escrito por el curador y crítico Antonio Eligio Tonel este comenta: “…Estas obras no reclaman alabanza, no procuran admiración: la sensibilidad que las inspira, agradecida en su melancolía, solo requiere en pago gratitud…”1

Pero la entrada del tema religioso en la creación de este artista, tiene diversas perspectivas, en la dirección antes apuntada dicho tema transpira una espiritualidad que no se explica por medio de rituales y creencias religiosas, es un viaje que la descubre incrustada en senderos, árboles y ríos, atravesados por peregrinos, especiales viajeros en busca del Camino de Santiago, camino a través del cual recogen su alma, suspiran el aire, aprendiendo de una devoción que solo se comprende intuyendo la naturaleza.

En otra dirección funde temas mitológicos con católicos como se aprecia en su pintura La caída de Ícaro (2017). El Ícaro que recrea es un ángel desnudo con alas blancas, y como le sucedió al Ícaro mitológico cae al mar, no puede escapar de su destino.

Otra apropiación religiosa la encontramos en la obra El sueño de Jacob, un tema bíblico en el que se inspira el artista para situar a su personaje dormido sobre unas piedras mientras sueña con el ascenso al cielo por una larga escalera envuelta en una luz azul. 

Una tercera dirección, cercana como en ocasiones anteriores a las apropiaciones de sucesos e imágenes tomadas de la religión católica, pero reinterpretadas desde la cultura popular, se encuentra la serie integrada por 19 pinturas La última cena, ella comienza con una representación realista del mito católico que se va disolviendo en abstracciones según avanza la obra, al final solo quedan manchas de ese encuentro aparentemente solemne. Lo es así en la tradición católica, pero en la obra de Eduardo, no sabemos con claridad quiénes son esas doce figuras que parecen conversar, coincidir o discrepar, ocurre un diálogo incómodo, que rompe la estática y la armonía de la imagen original trayéndola a nuestros días a una conversación en la que posiblemente no hay consenso.

La obra pictórica y xilográfica de este artista es extensa y diversa, no se detiene en el tema religioso a pesar de la importancia que detenta el mismo en el conjunto de su trabajo, su forma de acercarse a la vida cotidiana cubana a través de personajes y situaciones que se pueden comprender por su presencia en el imaginario de esa vida. Pero esta vida es muy particular, es la lucha por la subsistencia en el diario bregar por las dificultades, los goces, amores y rencores que los días acumulan y Eduardo los recrea a través de una familia montada en una bicicleta, hombres y mujeres esperando un autobús en una parada, amigos en la playa o despidiéndose, son algunas de las escenas que componen la serie. Con ello amplía el rico anecdotario que contienen sus obras, le imprime una fuerza y una actualidad a ese anecdotario, pensado por un artista que como él está tan inmerso en los valores espirituales. 

El procedimiento apropiativo, muy socorrido como recurso constructivo en el arte contemporáneo, le sirve de hilo conductor a través del cual apela tanto a la tradición católica, como a la vida del presente cubana y valenciana, pues esta ciudad donde vive desde hace algunos años, le ha servido también de inspiración. 

Es de destacar como señala Tonel en el texto antes citado, que Eduardo es un artista modernista, los valores éticos y la presencia desde finas construcciones visuales de esos valores, lo convierten en un creador particular, porque ha logrado fundir el discurso moderno a un procedimiento de lectura y apropiación contemporáneo, lee la religión, pero a su vez interpreta la vida sin olvidar las construcciones difíciles que la rodean, la reproduce tal cual o la envuelve en un halo místico que la eleva.

Él posee el poder de convertir su creencia en imágenes, que son representaciones de su camino como cristiano por la fe, representaciones de sus vivencias que consiguen que un hombre sencillo, sueñe con el cielo moviendo su rostro en dirección hacia él.

Notas: 

  1.  Xilografías modernas de Eduardo Lozano. Palabras al catálogo de la exposición Vía Crucis y otros grabados. Galería 23 y 12. La Habana. 1999.
Eduardo Lozano
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