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Evelyn Aguilar

Open Sea: ¡La vida cambió!

Por Yudinela Ortega

La voz que sale de mi boca no es la misma que sale de mis manos. 

Jorge Terrones. Recuerdo

La obra de Evelyn Aguilar (Artemisa, Cuba, 1991), contiene el arrojo propio de quien necesita apertrecharse en el espacio para construir relatos. Por eso, se empeña en recordarnos que sus trabajos parten de la experiencia intrínseca compartida con los otros: su familia, sus amigos, la ausencia de estos y los objetos. Una experiencia que se traslada del terreno personal al colectivo. 

Reconocemos en su producción la voluntad por recuperar historias universales, contenidas en los libros y reciclarlas como savia para otras narraciones. Advertimos su capacidad para entablar diálogos entre el individuo y sus extensiones objetuales, último reducto de ellos mismos y de nosotros. Así, interrelacionando los ejercicios reflexivos que provocan en el ser humano los tiempos verbales, las acciones y sus consecuencias, ha documentado sujetos y objetos, ha caligrafiado los rostros del recuerdo y ha nadado en seco por las aguas de la reconciliación.

Para Evelyn Aguilar la vida cambió. Quizás sucedió de súbito o fue un proceso lento como el mar sosegado que devora la tierra centímetro a centímetro. Y en la metamorfosis de una realidad conocida, nació Open Sea (2021-), su serie más reciente. 

Open Sea es un estado mental en el que se ha sumido durante los últimos meses. Es el primer paso de un recorrido que tiene como antecedente el dibujo, específicamente sus diarios manuscritos. Ensayos caligráficos que en papel y en metal han servido de soporte para transcribir su espacio doméstico.

La artista llega al Mar abierto, luego de vivir el confinamiento provocado por el COVID-19 cerca de los suyos, pero lejos de Cuba y del mar. Al regresar a la isla todo había cambiado. Se encontró con un tiempo al que ya no pertenecía y que le exigió reconfigurar los escenarios que antes la sujetaban, a ella y a su obra.

La pintura, esa zona inexplorada hasta entonces, la recibió en la sala de su pequeño apartamento. Allí convive entre la cotidianidad, los estudios de color, la tradición, la aventura del gran formato y el metal. Y comienza así a ensayar un mar imaginado, un mar de óleo que desgarra los límites de cualquier objeción. Porque si un motivo ha cruzado de manera transversal el arco de tiempo dentro de la plástica cubana, ha sido esa masa desbordante que rodea a la isla, que la expande y la constriñe. Las marinas de Romañach y Chartrand, el horizonte de La Siesta de Collazo, la orilla del Paisaje con figuras de Mariano, los trazos que sostienen el Barco negrero de Manuel Mendive, las Aguas territoriales de Martínez Pedro, la voluptuosa abstracción de Salvador Corratgé… El mar con sus gradientes y colores ha penetrado a la plástica cubana. Ha encontrado en ella un arma poderosa, capaz de construir ideas perpetuas de lo que él simboliza apegado a los márgenes que rodean la tensión de nuestro terruño.    

Consciente de la tradición que la precede en su abordaje del mar como paladín y escenario de la historia de la nación cubana, la artista revisa la tradición pictórica y agrega sus propios descubrimientos. 

La libertad del gran formato, -otro terreno desconocido- le da espacio físico y simbólico para echar a andar su imaginación. Allí, se atreve con la abstracción para buscar el carácter de su mar personal. Apegada a un estado de contemplación que podríamos ubicar en esas escenas bucólicas de un piélago en calma, narra la suerte de una vida que cambió. 

La artista cual Sibila, atiende a la profecía que dicta el oleaje tremebundo. En el horizonte que hemos de imaginar frente a las piezas, el azul puede verse intensificado o reemplazado por cualquier otro color. Los mares representan el enfrentamiento de una psicología procesual que ella entabla al interior de los planos, para reconocer qué queda de su pasado entre los objetos que la rodean y aquellos que la esperan afuera, en el desandar diario. Entre la praxis y la conceptualización personifica las aguas, dotándolas de carácter, gamas y movimiento. Construye a partir de texturas y gruesas pinceladas un cosmos sensible que se alimenta de los recuerdos, la soledad y la verdad. Una verdad personal y compartida con el contexto social y político de la isla. Open Sea abandona así, su condición de superficie huérfana sobre la que grabar el color para encarnar un corpus diegético en el que se avista lo propio y lo ajeno. 

Además del resultado visual, que por momentos parece desprenderse de la bidimensionalidad y zarpar contra el espectador, la fortaleza de sus trabajos radica en la experimentación con óleo y otros aceites sobre metal. Dedica tiempo a sus procesos, versiona apuntes marítimos en la cartulina para luego confrontarlos en la monumentalidad que le permite su pequeño apartamento. En ellos, ensaya intervenciones que aniquilan cualquier proceso metodológico. Sus movimientos son telúricos y generan ondas expansivas en medio de la sinuosidad del paisaje. Así, contenido en una cartulina o en soporte metálico, el mar que trae a la vida Evelyn Aguilar se nos presenta como protagonista y correlato de un tiempo que ya no es y que vuelve, de su mano, acompañado de verdes, azules claros, violetas y marrones para no dejarse atrapar por el contexto que le desautoriza. 

“Para mí observar es estudiar con detenimiento a través de los sentidos, el tiempo y el espacio. Reparar ante algo que anuncie un reclamo de atención. Es escuchar con nuestros propios ojos. Existen momentos contradictorios en los espacios de vida que nos determinan. Son hechos que crean catarsis en planos emocionales y físicos”1. Si leemos entre líneas, sus métodos de observación traspasan la superficie de lo emocional. Una herida cicatrizando, una falla, un relámpago, una ola colérica. El silencio. Un abrazo, una despedida, un recuerdo. El silencio.

He analizado una y otra vez en la pantalla de mi ordenador: obras sin título, apuntes, variaciones de Open Sea. ¿Inspiradas en el gigante marketplace descentralizado? No. Aunque allí también se navega por aguas intempestivas. 

Open Sea o Mar abierto porque el alma que habita en esa estructura de sangre y agua necesitaba despertarse. Ansiaba volver a regentar el orden de los factores preexistentes que condicionan la vida todos los días. Para Evelyn Aguilar son tiempos de abrir las puertas, de ver y escuchar con todos los sentidos el mundo que construye, luego de aquel instante, -con el mar al fondo- en el que la vida cambió.

    1. Statement artista. Evelyn Aguilar
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