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Hugo Azcuy

Del adagio al alegro a puro color

Por Estela Ferrer

La abstracción, como corriente artística, siempre ha tenido adeptos y contrarios. Desde su gran boom allá en los años cincuenta en Estados Unidos, ese ha sido uno de sus grandes dilemas. Creo que para bien, porque la polémica está garantizada. En este cosmos de colores y motivos que muchas veces parten del universo natural se inserta la producción visual de Hugo Azcuy Castillo, quien actualmente reside en Bélgica. 

Sus creaciones aparentan nutrirse de los postulados constructivistas. El constructivismo epistemológico surgió a mediados del siglo XX y afirma que la realidad es una construcción hasta cierto punto «inventada» por quien la observa. De este modo sus obras parten de un referente real, pero dan por hecho que toda aproximación a lo real es a base de nuestras percepciones. De este modo, lo científico y el conocimiento ofrecen apenas un acercamiento a la verdad, que no puede nunca ser alcanzada. 

Por ello, podría decirse que las teorías biológicas de Gerald Maurice Edelman parecen tener gran interés para el artista. Edelman sostenía que: “Cada acto de percepción es, a cierto grado un acto de creación y cada acto de memoria es a cierto modo un acto de imaginación”. De igual manera Hugo navega por un mar de colores y formas creadas por él mismo, y muchas veces inspiradas de forma intuitiva, que intentan atrapar esta complejidad tanto perceptiva como asentada o fundada en el recuerdo. 

Es una creación artística que invita a valorar con profundidad la psicología, la espiritualidad y su aplicación en la vida diaria, así como las propiedades terapéuticas del color. En este elemento se centra y ofrece un abanico de posibilidades de interacción y alcance: potenciador de conciencia, apto para el ornamento, generador de sensaciones y estados espirituales o parte de un todo que puede ser una forma geométrica. Los caminos se amplían y las posibilidades son disímiles al ser el color un ingrediente básico para la existencia y la manifestación de la vida.

Su serie Constructivismo Dinámico abarca diferentes temas: Earth, Human, Heaven, Cosmos como si fuera una gran espiral de ascensión a los niveles superiores o del desarrollo de la consciencia. En la serie Constructivismo Dinámico – Human, las asociaciones cromáticas entre luz y sombra se expanden desde el centro de la tela como un núcleo energético y fluyen como un largo friso de emociones. Se asoma lo geométrico como opuesto a lo fluido a partir de los contrastes de blanco y negro, opuestos que se complementan, y equilibran la existencia humana. El yin y el yang, presentados como pares necesarios para la existencia de la vida en sus dos modalidades: humana y divina, masculina y femenina. 

Como una suerte de adagio, Azcuy marca los progresos de la energía vital en sus pinturas. El tempo lento las caracteriza, como una serie de acumulaciones de colores y efectos, de partes y contrarios que se unen como si de una sinfonía se tratara. Lo geométrico, tal como fue en el siglo pasado vuelve a ser parte del discurso abstracto, se recicla con una voluntad casi monástica, una conciliación entre lo terrenal y lo trascendente.

Una música se inscribe dentro de estas pinturas, variaciones que van hasta el alegro, sinuosidades que intentan asir la vida y sus misterios. La música (Higher Vibration Music) siempre es parte de su obra, como una compensación sonora de la carga visual que cada cuadro posee. Entre sus referentes musicales se encuentran: Jonathan Goldman, autor, músico y profesor estadounidense en los campos de la armonía y la sanación sonora. Clasificado por el Watkins Review en el puesto 74 en su lista de las “100 personas vivas con mayor influencia espiritual del mundo”. 

Por otro lado, su serie Dynamic Painting inspirada por la observación de los efectos ondulatorios y energéticos producidos por el agua al tener una incidencia externa, también se compone de temas. Uno de estos temas es Chakras. Los Chakras son centros de energía inmensurables (no medibles) situados en el cuerpo humano y fuera de él. En sus pinturas, esta energía se manifiesta de manera concéntrica (hacia adentro) o excéntrica (hacia fuera). Pueden ser grandes trípticos u obras únicas con puntos de atención que nacen de formas diluidas y vibrantes contrastes de color o simplemente de lo que semeja caminos de energía que se bifurcan. Amarillo, rojo, negro, verde, violeta y azul se encuentran entre los colores más recurrentes en la paleta, como una especie de muestreo también de estados emocionales y sensaciones.

Hugo Azcuy Castillo hace una obra que es una extensión de su misma psiquis, de su propensión hacia lo trascendente y del diálogo entre lo humano y lo divino. “En mi arte me gusta adentrarme en el interior de las cosas, mostrar el espíritu de todo lo que vive y de todo lo que es, lo que se ve y lo que no se ve, lo que está abajo y lo que está arriba, e invitar al espectador a que se una a mí en este viaje exploratorio”. La abstracción es el puente entre ambos mundos, elementos y estados espirituales. Su cruzada es captar esa energía que envuelve los dos puntos y concentrarla, traducirla en las telas. El punto de partida está marcado y gran parte de la senda recorrida.

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