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Olivia Torres

Something Like Olivia

Por Emmanuel Montes Álvarez

Olivia Torres Díaz tituló su más reciente exposición personal Quiero una casa rodeada de árboles precisamente porque vive en una casa rodeada de árboles. Desde ahí, pese a las fronteras físicas que le impone la lógica de unas paredes de concreto, crea y expande su universo mental más allá de lo imaginable. Es una artista en constante búsqueda y efervescencia creativa. Desde niña siempre se sintió atraída por las artes visuales, por la creación, por la vía de canalizar su mundo interior. La consecución satisfactoria de ese periplo se vio cuando logró graduarse de la Academia de San Alejandro, en el año 2018, con la exposición de su serie titulada Erosionando.

Sus inquietudes, pese a su corta edad, la han llevado a experimentar con todo tipo de formatos: desde cuadros convencionales de gran tamaño hasta miniaturas inferiores a los cinco centímetros. Si bien su trabajo en esos cubos minúsculos de madera donde ha reflejado no pocos paisajes de la Universidad de las Artes (ISA), es admirable tanto por el dominio del espacio como por la precisión del trazo, lo que llama la atención más allá de su sensibilidad para captar las esencias de los lugares que retrata.

Olivia Torres parece estar en constante simbiosis con el lugar que habita. Los pies en el suelo, la mente en las nubes, pero siempre en frecuencia y atenta a los secretos que conserva su entorno. Se nutre de la cotidianeidad, de los sitios que visita, de los pasos que da a diario: es ella habitando una realidad cargada de inspiraciones artísticas, un mundo que pasa desapercibido para otros y que pide a gritos trascender. El medio, el sitio en sí, se convierte en el eje de su concepción. Una ciudad que respira y despunta a través de ella. 

Es eso, precisamente, lo que valida su obra, amén de su trabajo con el color, de mezclarlos y alcanzar la gama y limpieza justas, y de su claridad y madurez para concebir lo que quiere. El medio que la rodea cataliza su creatividad y trasciende cuando ella lo transforma en arte. 

En su primera serie trabajó a partir de imágenes figurativas llevadas a la abstracción, que mantenían un punto común: el paisaje urbano. Incorporó elementos de su realidad más inmediata: paredes, techos, vigas, calles; y los mezcló con colores sobrios. Ruinas, polvo, derrumbes, paredes rotas, paisajes citadinos, todo ello englobaba su condición de artista que no solo buscaba armonía en los colores ni ilustrar una escena afín a ella, no, sino buscaba una experiencia visual que convenciera, que trasmitiera por sí sola. Ya desde entonces, se desprende su preocupación por una ciudad que sucumbe a la dejadez. Sus cuadros —que no por gusto llevan por título unas direcciones específicas de La Habana— reflejan la desidia a la que se ha visto expuesta su ciudad, el medio en el que ella se desenvuelve. No obstante, si esa primera serie es una especie de llamado de consciencia hacia una arquitectura socavada por la conjunción nefasta del tiempo y el desinterés, su labor con las miniaturas resulta todo lo contrario. Tanto en técnicas como en esencia. 

Ella, con la tranquilidad que le brinda la madrugada, se ha tomado la labor de insuflarle vida al ISA con esa segunda serie que lleva por título Microcosmos. Ahí no hay derrumbes, ni techos sin vigas, ni paredes agrietadas, no. Ni mucho menos abstracciones. Hay vida, yerba y árboles, paisajes realistas, escenas cuasi bucólicas. La inmensidad del mundo exterior reinterpretada en un formato minúsculo. Despojándose de una línea de trabajo que le era cómoda hasta entonces, se arriesgó a intentarlo con la cara convexa de su abstraccionismo: los paisajes figurativos.  

La manipulación del óleo o el acrílico con pinceles o espátula resulta un proceso íntimo para Olivia, visceral, de liberación y realización personal. Es una artista que, pese a hallarse aún en una etapa de absorber influencias —cita mucho a Caspar David Friedrich como la principal de todas—, cuenta con lo más importante: juventud y talento. Lo demás es cuestión de tiempo, de propósitos y de perseverancia. Mientras existan espacios a su alrededor de los que pueda nutrirse, mientras la realidad consiga inspirarla a crear, estará dispuesta a trascender más allá de su realidad.

Olivia Torres
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