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Yudel Francisco

El gesto pictórico visceral 

Por Yenny Hernández Valdés

La obra de Yudel Francisco Cruz (Güines, 1991) me fascina, así de simple. Provoca en mí un estado de seducción y goce retiniano desbordante. Me conmueve su pintura visceral, sarcástica, desenfrenada. Me sacude por dentro estar frente a sus lienzos. Confieso que la primera vez que me acerqué a su obra, me dije que estaba ante un descendiente de Goya: un Goya contemporáneo cuya creación solo ha despertado cada vez más interés en mí.

Yudel Francisco es un artista cubano con una obra muy singular dentro de la narrativa pictórica cubana actual. La fuerza poética y estética de su pintura, no solo radica en la exquisitez con que reinventa caprichosamente símbolos y herencias de la Historia del Arte; sino también en despertar sensaciones que se nutren de la intertextualidad, la parodia y el sarcasmo delicioso, con un relato seductor a la vez que inquietante (Destronado, 2020). Un relato visual que por momentos pareciera sucio en términos de pinceladas, pero que para nada indica desconocimiento técnico del artista. Esa consciente suciedad no es más que una parte de su firma, de su gesto pictórico. 

En ese sentido, Yudel Francisco no enmascara o maquilla esos supuestos “errores” estéticos o espacios imperfectos dentro del lienzo. Cada trazo, cada pincelada cual nerviosismo gestual, cada rostro y expresión, cada tonalidad cromática está dispuesta a su voluntad. Su esquema representacional no deviene una imitación tal cual de la realidad. Más bien su obra suscita un desconcierto enérgico a partir de sus invenciones semánticas. El de él es un expresionismo diferente, que provoca una sensación inquietante de extrañeza. Quizás ese efecto venga dado por la exquisita manera en que mixtura una belleza ácida con lo original de su galería iconográfica. 

En obras como La partida (2020) se condensan hastío y desesperación con amor y salvación. Yudel hace converger miradas espantadas y angustiosas con gestos y actitudes sugerentes de energía apagada. Contrasta todo esto a partir de nerviosos brochazos de blancos, ocres y negros. Incluso, él mismo forma parte de la obra, al fondo, cual retrato expectante que observa desde otra dimensión la escena que recrea desde el otro lado del lienzo. Deviene entonces en parte y contraparte de su proceso creativo, como lo hicieron también grandes artistas de la Historia del Arte, algunos de los que lo han influenciado manifiestamente.

Antes me referí a Yudel Francisco como un Goya contemporáneo y no fue por pura gratuidad discursiva. Como aquel grande de la pintura española, Yudel se me antoja un escurridizo de toda pauta académica o movimiento clasificatorio del arte. Él es un cultor de la pincelada frenética, imperfecta; es un cultor de rostros distorsionados, de miradas tediosas, de escenas mustias y de matiz fantasmagórico, de composiciones propiamente suyas en las que el tiempo pareciera sustraerse, apagarse lentamente en el tratamiento pictórico de las luces.

Como Goya, Yudel Francisco nos ofrece sus reflexiones sobre el sujeto y sus comportamientos. Sus caprichos estéticos nos hablan de un artista que ha encontrado en la pintura el medio idóneo desde el cual decir y cuestionar los signos de la especie humana con un lenguaje estético muy peculiar. Asume un discurso metafórico que se alimenta de su experiencia personal: “Son, a mi entender mis piezas, el metatexto de mi entorno: más real cuanto más visceral, más humano cuanto más grotesco, más sutil cuanto más alegórico” (Statement del artista).

Y es que Yudel en muchas de sus pinturas se vale de la representación de animales como recurso expresivo de su obra. En su caso, la hiena se torna recurrente, y la dota de significaciones conceptuales equiparables a las del ser humano al expresar comportamientos, deseos o emociones metafóricamente. Este constituye otro de los puntos de contacto entre el Goya aquel –que se valía del perro en las obras de sus conocidas Pinturas Negras– y este Goya contemporáneo que es, para mí, Yudel Francisco.

La hiena es un depredador de comprobada inteligencia, cuya mordedura es la más letal entre los mamíferos. Son, sobre todo, animales nocturnos y cazan en manada. Una de sus principales características es el aullido que hacen comparable al de una risa humana macabra, con la cual mantienen a la manada en grupo y ahuyentan a otros depredadores. Precisamente, Yudel simboliza al sujeto moderno a través de la hiena; los correlaciona en tanto depredadores y seres cínicos. Humaniza a la hiena y animaliza al individuo: vuelca aquí una intensa reflexión que extiende a sus pinturas en las que, aun cuando la hiena no aparece representada tal cual, sí persiste su condición de animal insolente: véanse esos personajes en manada, de rostros y composturas animaloides y miradas parcas… (Finales de noviembre, 2020).

Este ejercicio le permite al artista apuntar y cuestionar sobre sus pulsiones existenciales desde una consciente voluntad creativa. Consigue así un efecto de introspección, una escapatoria hacia ese entorno representado para palpar la médula de una pintura enternecedora, enfática y metafórica. Una pintura de la que emana, por momentos, la extraña sensación de un entorno apacible.

Sin miedo a equivocarme, y sin ánimos de alimentar falsos egos, considero que Yudel Francisco es un artista descomunal en calidad de gesto pictórico. Es un creador tan visceral y potente en la misma medida en que lo son sus monstruosas pinturas. Esto no quiere decir que ha llegado al summum bonum de su carrera creativa, mas sí indica que el camino andado hasta ahora se visualiza certero y seductor, con virtudes muy reseñables dentro del entramado artístico cubano actual.

Yudel Francisco
Yudel Francisco
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