Frank E Martínez

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La ruleta se detiene

Por Ricardo Alberto Pérez 

Cada uno de los dibujos, que en los últimos años, han venido conformando la obra de Frank E Martínez (La Habana, 1972), constituyen espléndidos poemas visuales; donde la intertextualidad y el conflicto como herramientas para arrastrar consigo al espectador juegan un protagonismo determinante. Estas piezas son elaboradas con el auxilio de las imágenes provenientes de una constante investigación la cual está ligada al proceso del pensamiento en su fase más polémica, agregándole siempre su buena dosis de ironía y sarcasmo. 

Estamos ante una posición crítica donde el lirismo que existe siempre será singular, ya que se obtiene a partir de los efectos corrosivos causados por los elementos y símbolos elegidos por el artista; justamente en esa elección parece encontrarse una de sus grandes habilidades, ya que la certeza con que lo hace, garantiza la eficiencia comunicativa de cada uno de los relatos, que sostenidos sobre el sentido de la contradicción generan ambientes de lúcido debate. 

En total coherencia con su estrategia los títulos que selecciona para nombrar las series, así como los que identifican las obras en particular, ya traen en sí una carga de significados poderosa, capaz de dinamitar retóricas o cualquier otro contenido mediocre. Ellos juegan con cuestiones neurálgicas de lo local,  apoyándose en su condición de dilatarse semánticamente, y con gracia consiguen atmósferas donde la ambigüedad delata e impulsa la tendencia viral de las ideas puestas en juego.

A través de esta consagración del proceso del dibujo, donde desde el punto de vista formal podría llegar a sentirse un guiño zen, la memoria se muestra como un sitio caliente, un hervidero que ofrece información y permite las más diversas relecturas de ella; esto se hace aún más creíble y disfrutable cuando se le enfrenta de manera creativa al presente. En este caso se trata de un presente secuestrado por la pertinaz tozudez de la ideología y su carencia absoluta de humor. A partir de esas imágenes confirmamos que hemos permanecido durante demasiado tiempo en una cápsula, y los efectos son devastadores: han desarticulado nuestro pensamiento, aislándonos de lo que constituye un espíritu contemporáneo global; acrecentándose la experiencia de soledad e instalando la frustración como una marca que nos define. 

En el segmento de su trabajo que abarca las series Penetraciones e Hipotermia, Frank E Martínez elabora una crónica, en dos tiempos, exquisita y necesaria en torno a los últimos cinco años de la realidad cubana. Su mirada no se detiene en torpezas domésticas, explora dichas circunstancias desde aristas esenciales que históricamente han definido lo cubano. Ya ha sido demostrado por pensadores nuestros del calibre de Fernando Ortiz, que en este contexto la inercia es algo muy difícil de romper, incluso en el tema del desarrollo personal; ese estigma mina la conciencia colectiva transmitiendo la falsa idea de que alguna salvación llegará por si sola.

Penetraciones aborda algunos matices y complejidades reanimadas por el acercamiento ocurrido en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos entre el dos mil catorce y el dos mil dieciséis. En la serie se despliega con suspicacia una doble lectura: la que emerge de la sociedad, que aprecia la apertura, y no puede dejar de interpretarla como una luz que aparece en el horizonte; y la otra que proviene del estado; para este la misma apertura es contemplada con recelo, constituye un peligro, algo que puede llegar a desequilibrar su propia estructura. Penetraciones se origina en el punto donde colisionan ambos criterios, deja apuntes valiosos y aporta claves para una comprensión no contaminada por el pugilato político.  

Hipotermia parte de la metáfora del glacial, después de una esperanza, de aquello que se vincula con la temperatura confortable, todo vuelve a congelarse; entonces, cómo poder echar andar lo que ya estaba en la mente de muchos, si eso congelado solo se derretirá muy lentamente. Lo más valioso de estas piezas además de su evidente empuje conceptual; es la asombrosa capacidad de asociar elementos visualmente, que confinados en el hielo son forzados a establecer un nuevo de tipo de relación en la que empiezan a significar de otra manera; digamos que se establece un vínculo con una apariencia absurda que solo encontrará la lógica en la negación de la función de un elemento ante la acción simbólica del otro.

La obra de Frank, tanto la más reciente, como la realizada años atrás se va debiendo a un exhaustivo posicionamiento mental en torno al carácter de relatividad de todo lo que ocurre en el universo, en función de las épocas, los espacios geográficos, y los escenarios políticos y sociales. Este posicionamiento resulta determinante al instante de preferir los soportes y recursos que lo acompañan en su aventura; en el caso de la fotografía como referente en el proceso de construcción de la obra, y el lenguaje de dibujo en su realización final. Creo, que en su labor el estricto sentido de la organicidad, no pone límite al vuelo de las imágenes, ni a la vitalidad de los conceptos.

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