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MARCEL MOLINA

Replica la historia, repitiendo la imagen. La obra en grabado de Marcel Molina

Por Magaly Espinosa

Cuando se hurga en el contexto de la joven generación que crea desde las artes visuales aparecen formas muy distintas de tratar la historia. En esta sección ya se ha comentado sobre autores interesados en el tema: Jesús Hernández Güero, Rigoberto Díaz, el dúo Celia y Yunior, José Manuel Mesías y Glexis Novoa. Unos por medio de la pintura, otros a través de la fotografía, obras en proceso o como es el caso de la pieza de Glexis, un documental referido a la historia de las artes visuales de los años 80 en Cuba.
El artista Marcel Molina tiene sus mañas para acercarnos a la historia reciente de nuestra Isla. Desde una impecable realización en grabado, retoma el tema de los centrales y de algunos de sus símbolos más significativos, formando junto a Nadal Antelmo y Ricardo G. Elías, un grupo de realizadores que abordan su desmantelamiento y estado actual.

En la serie Desnudando el tiempo (2009) va a reunir un conjunto de serigrafías referidas a imágenes de centrales desmontados, en la que aparecían a pedido del artista y formando parte de ellas, testimonios escritos por algunas personas que eran antiguos trabajadores del central. Él les había sugerido que escribieran sobre lo que esta visión les evocaba: “Esta imagen la tengo presente al caer la tarde, cuando acudo a la bodega a buscar el pan de cada día, a veces regreso de noche, haciendo historias con mi mejor amigo” “De mi nariz desapareció el olor a miel y azúcar, en mi vista solo quedan ruinas y desolación”. Se combinaban así el poder de la palabra y el de la imagen, tratando el arte de ser tan poderoso como la propia realidad A esta muestra seguirían otras obras a través de las cuales iría el artista redondeando su poética.

El espacio natural con sus posibilidades para traer la memoria hacia la calma, el silencio y la soledad, es ocupado con la repetición de un solo elemento, bien se refiera a tumbas, santuarios o a las casas de un batey, imágenes dispuestas de manera tal que retienen en sí mismas el movimiento, como si en cualquier instante todo pudiera volver a la vida. Marcel emprende su creación en esta dirección, dibujando una estética que atiende en igual medida lo formal y lo contenidista.

Entre sus piezas hay algunas que ayudan a ilustrar tal consideración, por ejemplo en La recogida, de la exposición La raíz que no florece (2010) no se percibe ningún vestigio humano, solo la vegetación y un paisaje industrial en ruinas. Se trata de una locomotora que carga chatarra, rodeada también de un ambiente de desperdicios industriales que aparecen esparcidos por los campos que ella atraviesa. En la misma serie se encuentra uno de sus magníficos grabados Memoria, formado por cientos de naves que se ordenan a la manera de una espiral. Ella se teje alrededor de un eje central constituido por la misma nave a una escala mayor, situada al lado de la chimenea del central. Las naves semejan un ejército sordo que la protege y la resguarda, se trata de un ejército obediente, que se dirige hacia el espectador y es quizás su propio inmovilismo lo que hace a la obra tan poderosa. Nuestra mirada puede entrar por todos los espacios, como sucede en la famosa Metrópolis de Fritz Lang, donde lo humano está en cada instante, a veces desde la ausencia misma.

A través de la pieza El paraíso, Marcel vuelve sobre la repetición y la figura de la espiral, en esta ocasión son diminutas tumbas dispuestas es curvas que se pierden y se mezclan sin destino. Un ascetismo del abandono que al tratarse de tumbas impide cualquier regeneración.

Por último, vale detenerse en Solo 1 tiene la verdad, que presenta un cambio de orientación temática apropiándose de los mismos recursos expresivos. En este caso, las imágenes están dispuestas en forma de fichas de peones de ajedrez, que cubren todo el espacio, sin embargo, tienen un solo gesto: la mano levantada. La estética de la igualdad y la moderación se despliega buscando el equilibrio visual que brinda la disposición de las figuras en una gran espiral. El sentido de lo masivo, que está presente en toda su obra, aquí va dirigido hacia el presente, poniendo en duda, esa máxima que considera lo masivo como un depositario de verdad.

Desde Huella dactilar (2009) hasta Solo 1 tiene la verdad, que recibió el Gran Premio del Salón Nacional de Colografía Belquis Ayón (colagrafía) Marcel no ha dejado de acumular honores, gracias a una estética particular que se despliega con un consumado oficio, por medio fundamentalmente de la xilografía y la excepción de una obra colagráfíca.

Es un privilegio, que siendo la elaboración del grabado un arte tan paciente, contemos con artistas de la constancia y de la calidad temática que este joven cienfueguero nos ofrece, que es ante todo, como afirma su profesor Antonio Fernández Seoanes, un excelente dibujante. Él convierte la soledad y el abandono en metáfora histórica, en circunstancias de la sociedad que vivimos, sin algarabía, ni atuendos y sin los oropeles que confunden arte con pasatiempo.

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