Sandra & Emmanuel

De la caverna a las Meninas

 Por Antonio Correa Iglesias

“Cualquier arte se origina en una carencia excepcional.”
Teoría de la retaguardia, Iván de la Nuez

I

Con Platón y su mundo eidético y con Aristóteles y su universo sustancioso comienza nuestro entendimiento y los malentendidos en la cultura occidental. Incluso más, Parménides es uno de esos responsables primordiales –siempre hay más de uno– una vez que establece un entendimiento como Doxa y como Episteme. Pero hay que decir también que este margen que va desde la Caverna hasta el Fronesis (1) ha sido la base de lo que Roger Shattuck ha llamado “forbidden knowledge”. (2)

Tampoco es casual que Michael Foucault comience su tratado sobre la arqueología del saber (3) con un análisis detallado del cuadro Las Meninas de Diego Velázquez; suerte de umbral donde confluyen “dos visibilidades incompatibles” como el mismo lo definiera.

El problema de la representación –¿qué se representa cuando se representa?– ha sido la base fundacional de todo el pensamiento occidental en tanto Syllogism, Induction & Enthymene (4), pero incluso más, lo ha sido también, en cuanto locura –madness– e imaginación. Gombrich, en Art and Illusion: A Study in the Psychology of Pictorial Representation, disuelve la argumentación del mito del «ojo inocente, la idea de que el artista mira al mundo y transcribe lo que ve lo mejor que puede». Este argumento se venía anticipando en Meditations on a Hobby Horse suerte de investigación de los fundamentos biológicos de la representación. Insisto en todo ello una vez que, a nivel conceptual y visual, el problema de la representación sigue siendo un elemento fuerte dentro de la producción de imágenes. Como bien afirma Gombrich, la representación no era, como se suponía una imitación de la apariencia visual, sino un sustituto de algo que uno deseaba. De este modo, los límites del lenguaje –cualquiera que estos sean– son los límites de la representación.

Al problema de la representación se le suma el hecho que hoy se suele hablar mucho de la producción de imágenes en el arte contemporáneo, pero poco se habla del ritmo a partir del cual estas imágenes se producen. El ritmo, en ese caso es un elemento fundamental porque va a marcar la distinción entre creación, programación y reiteración en la conformación de la imagen. Un problema completamente ajeno a toda la teorización en torno a la representación. Algo que Joan Fontcuberta ha llamado “nuevo orden visual”. (5)

II

David Salle en Houdini with a Brush afirma: “A good painting focuses our attention in a matter of seconds –what is sometimes called wall power– and it also holds our gaze over time. It repays prolonged looking. A good painting appeals to both the eye and the mind, the one refreshing the other. There is no one thing or set of things that a painting must do. A good painting can look like anything at all, or like nothing we’ve seen before”. (6) Cuando –café en mano– terminé de leer este texto, supe que en su argumentación estaba todo lo que necesitaría para pensar la obra de Sandra & Emmanuel.

La obra de Sandra y Edmanuel es una suerte de simbiosis entre un hiperrealismo demodé –muchas veces mejor resuelto desde la fotografía– y un esfuerzo “lúdico” desde la representación. Laoperatividad simbólica producto de esta relación, coloca la obra de estos artistas en una ubicuidad poética que se hace complementaria en una aparente oposición. Eros y Tanatos, el orden y el caos, doxa y episteme, verso y reverso, la sonoridad y el silencio de los taoístas. Esta ubicuidad transparentada en la obra de Sandra y Edmanuel, es una “rémora” de un romanticismo post- revolucionario, que lejos de ser un elemento inmaterial que entorpece la acción, lo potencia, una vez que coloca en el centro la figura humana ausente de cualquier ideología política; el hombre tal cual, con sus debilidades y deseos. Los sujetos pictóricos en su obra son ellos mismo a medio camino en la representación; tratando de hallarse, en una dimensión existencial.

La fuerza poética de sus imágenes no solo radica en la composición hiperrealista, sino en el balance que supone un velo –como el de Maya– y que cubre toda la superficie del lienzo, disipando a intervalos la composición; superposición de realidades, una estática y otra dinámica que en su propia versatilidad va componiendo una figuración. Como en los cuadros de Escher, que no se tiene claro qué mano pinta la mano; en la obra de Sandra & Emmanuel, una ubicuidad encantadora establece una visualidad recursiva y complementaria.

Con una sólida formación pictórica, Sandra y Edmanuel colocan –como los clásicos– una indagación en torno a la figura humana. No solo es evidente el sentido ontológico en su producción, sino que también es evidente la fuerte vocación autobiográfica en cuanto visualidad refractaria una vez que, en la búsqueda simbólica, tratan de encontrar aquello que –extraviado– fuera el elemento organizacional de su existencia.

La indagación por la figura humana, da fuerza y carácter antropológico y psicológico a la producción de estos jóvenes creadores. Este carácter no es una “mera” referencialidad, sino que viene a refuerza aquello que Geertz & Clifford en Antropología postmoderna llamara “giro poético”. (7)

La indagación por la figura humana conduce a Sandra & Emmanuel a un desmontaje de una hegemonía visual. El “desmantelamiento” del hieratismo iconográfico en su obra es resuelto con la introducción de planos que se yuxtaponen, creando la fascinante ilusión del movimiento. Planos paralelos que se complementan para establecer una visualidad. La naturaleza figurativa de estas obras rompe la cuadriculación de la experiencia –base de toda la teoría representacionalista– e introduce desde lo pictórico ya no el signo de la representación sino la posibilidad infinita de indagar en la naturaleza de la percepción, de ahí la fuerza de lo sensorial en su pintura.

Pero es una profunda melancolía el elemento que aglutina su obra. Agazapados en la belleza de sus personajes –heterónimos de sí mismo– se cobija un profundo desasosiego, como si estuvieran a la expectativa; como si algo por-venir cobrara una dimensión amenazante, expresado en el susurro de una confesión. Sin remordimientos, Sandra & Emmanuel recopilan desde una consistente vocación simbólica, una pulsión existencial. Perplejos nos miran como interrogándonos por el sentido de la existencia; descubriéndonos maniatados y absorbiendo desconcertados las sombras que se proyectan en los muros de una Caverna.

1. Distinción y delimitación en el mundo de la ciencias en Aristóteles.
2. Para más detalles véase Forbidden knowledge: from Prometheus to pornography.
3. Véase Las palabras y las cosas: arqueología del saber.
4. Para mas detalles véase Madness and Civilization: a history of insanity in the age of the reason. M. Foucault Pág. 95
5. Para más detalles, véase Joan Fontcuberta La furia de las imágenes. 2016
6.  Véase Houdini with a Brush en The New York Review of Books MAY 9, 2019 • VOLUME 66, NUMBER 8
7. “Tyler cree que la antropología en el mundo de la postmodernidad está tomando un giro poético (…) un interés creciente hacia la poética, las formas del discurso y la retórica. Esta antropología sería relativista, pero en un nuevo sentido: niega que el discurso de una tradición cultural pueda abarcar el discurso de otra tradición cultural”.