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Brenda Cabrera

De la memoria familiar al imaginario colectivo

Por Shirley Moreira

La creación de la identidad personal se nutre de muchos factores. La familia, el espacio doméstico, el entramado social, el contexto cultural y político constituyen algunos de los escalones por los que transita el individuo en ese proceso de formación de su individualidad. La joven artista Brenda Cabrera no se sitúa como un ente pasivo ante tales circunstancias, sino que establece un diálogo diferente con lo que pudiera ser un acontecer natural de la existencia. De este modo, parte de hacer consciente dicha dinámica formativa para luego desplegarla como esencia de su proceso creativo.

Su infancia, como la de muchos, estuvo signada por los recuerdos de la antigua Unión Soviética; por las memorias familiares de un país amigo y lejano en el que permanecieron algunos años. Postales, adornos, vajillas y juguetes de factura particular comenzaron a modelar las primeras imágenes de su cultura visual. La dinámica de ese apego nostálgico al pasado, las fuerzas de los objetos para atrapar los recuerdos de un hogar fundado sobre utopías fragmentadas comenzaron a modelar, tempranamente, algunos caminos dentro de sus inquietudes creativas. 

Objetos, fotografías y anécdotas han condicionado su manera de percibir la realidad y sentir el arte, por eso vuelve siempre a ellos como materia discursiva y soporte. Las historias de vida y fotografías familiares, más allá de conformar el acervo visual de sus primeros años, llegaron a configurar un imaginario real para la artista, una quasi experiencia de vida. Sentir en la propia piel los recuerdos de otros ha sido un proceso que ha definido en parte su cotidianeidad. En 2018 realiza la serie Reconstrucción anecdótica, donde a través de fotografías antiguas y dibujos/esquemas en papel alba reconstruye nuevas historias (sus propias historias) a partir de los relatos familiares.

La fuerza visual de los objetos como decodificadores de una identidad particular la lleva a trabajar en 2019 en una serie fotográfica donde toma imágenes de elementos decorativos traídos de la Unión Soviética, ubicados en sus espacios habituales dentro de la casa. Son piezas de carácter intimista, donde los objetos y sus imperfecciones se tornan protagonistas para hablar del paso del tiempo, la ruptura de ideales y el apego nostálgico al pasado. 

Sin embargo, aun cuando parte de la experiencia personal, el discurso se expande y toma otras connotaciones. Es entonces cuando el resquebrajamiento de las utopías familiares se conecta con el de toda una sociedad que vivió por años bajo las cálidas alas de la Unión Soviética, que también añadió a su identidad una cultura visual específica, aprendió un nuevo idioma y compartió ideologías. Una sociedad que conserva los recuerdos de la avalancha de productos made in URSS, pero también las memorias amargas de lo que vino después.

La obra de Brenda está colmada de esa poesía propia de la memoria y la intimidad. Un trabajo que se aprecia con calma, porque así transcurre precisamente el proceso de creación. Resulta evidente que para la artista la observación es fundamental. Decodifica con detenimiento las dinámicas de su contexto familiar para luego conectarlo, en relación de contraste o igualdad, con su entramado social inmediato. Y es aquí donde la obra se torna más incisiva. No hay complacencia visual ni nostalgia gratuita. Sus preocupaciones sondean los diversos procesos de la muerte de las quimeras, de la ruptura de los ideales que se fundan sobre bases no tan sólidas. En cada obra su casa deviene nación, y viceversa.

De ese proceso de observación nacen también algunas de sus obras videográficas. En Loop (2019) se adentra en la intimidad de un hogar y capta los movimientos que realiza con la cabeza de manera constante una persona con discapacidad mental. Lo que pudiera parecer una situación totalmente cotidiana e intrascendente, en el video de Brenda adquiere gran potencial discursivo. Esa vida en loop nos habla de ciclos que no se cierran, de la vida en continuo, del pasado que regresa una y otra vez no solo para una familia con determinadas problemáticas, sino también para una sociedad toda.

Fallas del paisaje es un video de 2020 donde se adentra igualmente en los procesos de la memoria. Alguien pregunta a una anciana si conoce un campo de flores que está en una postal soviética que le pertenece. La señora evade las interrogantes, no recuerda o no desea recordar. El tiempo es capaz de crear muchas cosas, pero también de desarmar, con la misma fuerza, cada una de las utopías.

Para Brenda Cabrera el arte es un medio de conexión con la vida. Cada pieza conforma una suerte de autorretrato donde desnuda su esencia y a manera de ritual la conecta con un universo cultural mucho mayor. Su obra comparte esa doble condición de ser sutil e incisiva a la vez, de conformar un puente entre los recuerdos del pasado y las dinámicas del presente. Es precisamente en ese puente, en ese punto intermedio, donde la fuerza de su discurso tiene lugar, porque no se conforma con evocar recuerdos, sino que investiga constantemente las maneras en que esas memorias se reconfiguran en la contemporaneidad.

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